1. Evite hacerle las cosas. Muchas veces los adultos les “ayudamos”
a los niños porque vemos que se le dificultan realizar las cosas,
pero eso en vez de ayudar realmente se le está perjudicando puesto
que se le esta restando la posibilidad de aprender, de desarrollar
esa habilidad y sobre todo estamos haciendo niños dependientes de
alguien más para que les haga las cosas. En su lugar, es mejor
explicarle cómo debe realizar las cosas, modelándole o bien
haciéndolo por primera vez para que él vea como se debe hacer, pero
invitarlo a que él lo intente y motivándolo hasta que lo logre. Y
una vez que lo logre decirle que “sabía que podías hacerlo, eres
muy listo y aprendes rápido”. Debemos recordar que el desarrollo
es un proceso continuo que se vera afectado si continuamos
“ayudándole” en vez que orientándolo a que realice por si mismo
las cosas.
2. Permitirles que comentan sus propios errores, que desarrollen la
capacidad de experimentar las experiencias naturales de sus
elecciones, sin la intervención de un adulto. Por ejemplo: si se le
dice que no se suba a las sillas porque es peligroso, no hace caso y
se cae. Evite decir “Te lo dije”, en su lugar diga “Si te subes
a partes altas y no tienes cuidado puedes caer y lastimarte como
ahora, debes aprender a poner más atención en dónde y cómo juegas
y tener más cuidado con tu persona”. Cuando se le explica las
razones por las que se le pide que no juegue o no haga algo se le
esta dando a conocer las posibles consecuencias de sus actos, y que
estas consecuencias pueden ser dolorosas y desagradables si no es
precavido y responsable consigo mismo.
3. Desarrolle un sentido de cercanía y confianza en lugar de
distancia y hostilidad. Muchas veces los padres quieren que sus hijos
les tengan confianza, pero cuando los hijos les cuentan algo
normalmente resultan con una llamada de atención, regaño o bien con
castigos físicos. Si queremos que nuestros niños nos tengan
confianza debemos escucharlos sin perder la paciencia y gritarles o
castigarlos físicamente, porque lo único que se logra es que nunca
más volverán a tener la confianza y acercarse a platicar sobre sus
problemas. Al contrario se les debe escuchar y hacer que ellos mismos
obtengan la respuesta y solución a su problema. Por ejemplo si se
acercan para comentar que les fue mal en los exámenes, normalmente
los padres ya tienen listo el regaño y el castigo, pero si tuvo el
valor de acercarse y platicar lo que le sucede, más bien es
necesario hablar con él para identificar que fue lo que ocurrió
para que le haya ido mal en los exámenes y hacer con trato con él
para hacer un plan de trabajo para mejorar sus calificaciones, y
proponerle o pedirle cuál cree que sería la mejor consecuencia a su
descuido en la escuela y que sea él mismo el que asuma la
responsabilidad y determine la consecuencia de sus actos. Cuando les
permitimos a ellos mismos establecer las consecuencias de sus actos
les estamos enseñando a que sean responsables de los mismos.
Cuidando también que la consecuencia propuesta sea acorde a la
magnitud de la conducta inadecuada realizada.
4. Enseñe a los niños que puede hacer. Muchas veces se le regaña a
los niños por su conducta pero no se le explica el motivo o la razón
del porque se le está regañando. Por ejemplo. Si golpea, sólo se
le grita que no golpee o se le pega en respuesta. Eso sólo lo
confunde y lo hace más agresivo; en su lugar mejor explíquele que
cuando golpea duele, que lastima y que en su lugar mejor dé un
abrazo y un beso. Los niños no nacen con un manual de las conductas
correctas e incorrectas, es responsabilidad de los padres enseñar a
los hijos las conductas adecuadas y las que no. Y eso es un
aprendizaje continuo de sus primeros años de vida.
5. Enseñe a que aprendan a manejar la frustración. Muchas veces al
“ayudar” a los niños no les permitimos desarrollar la capacidad
de tolerar o manejar la frustración por eso es necesario que ellos
mismo aprendan a realizar las cosas por si mismos, y si no puede
hacerlo en el primer intento es importante decirle que “está bien
a veces tardamos un poco en aprender a hacer las cosas, pero puede
hacerlo inténtandolo nuevamente”. Los niños deben aprender que en
ocasiones las cosas no salen como esperamos pero que si lo intentamos
las veces que sean necesarias, podemos lograrlo. De está manera se
le enseña sobre la perseverancia. Un niño capaz de intentar las
cosas con perseverancia será un adulto capaz de lograr lo que se
proponga.
6. Alentemos a nuestros pequeños. Rudolf Dreikus dijo una vez “Los
niños necesitan ser alentados, así como las plantas necesitan
agua”. En ocasiones un niño que se porta mal es un niño
desalentado. Cuando los niños se sienten alentados, el mal
comportamiento desaparece. Esto lo he visto en consulta porque los
niños se sienten tomados en cuenta, y como es eso lo que necesitan
su conducta mejora. Es importante alentarlo con el objetivo de
desarrollar un vinculo positivo y nunca con el sentido del regaño.
Los regaños nunca han funcionado para alentar a nadie, más bien
causan desilusión. Recordemos que nuestros niños necesitan ser
guiados y motivados así ellos pueden lograr lo que se propongan. Por
ejemplo si el pequeño no quiere hacer la tarea, se le debe alentar
explicándole que el hacer la tarea le ayuda a aprender más cosas y
conocer más. Y que una vez que termine su tarea puede hacer lo que
más le guste, ver la tele, jugar con la bicicleta, etc.
Psic. Inf. Sara Esparza C.


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